
Las ciudades generalmente tienen asentamientos en zonas inadecuadas, expuestos a peligros meteorológicos, con limitado acceso a servicios básicos y con alta degradación ambiental, lo que resulta en que los habitantes de esas zonas, sean población muy vulnerable.
En la República Mexicana, las ciudades carecen de evaluaciones de riesgo adecuadas, que muestren las alteraciones en el clima local por el efecto de la Isla de Calor Urbana, el incremento en los peligros meteorológicos, y la vulnerabilidad a detalle. El riesgo es dinámico y multifactorial, y su gestión requiere de un monitoreo constante. Los Atlas de Riesgo aun no son una herramienta dinámica y su utilidad es limitada para la gestión del riesgo y la planeación urbana.
El riesgo climático urbano es uno de los mayores desafíos para las ciudades y sus habitantes, en relación con el cambio climático. Entre los riesgos a los que están expuestos algunos habitantes de ciudades se encuentran las ondas de calor, las inundaciones urbanas, el aumento del nivel del mar, o la inseguridad alimentaria o hídrica. La población de la Ciudad de México es altamente vulnerable a condiciones climáticas consideradas adversas (Graizbord et al, 2023), en especial, aquellas relacionadas con las temperaturas extremas, las lluvias intensas y otras condiciones meteorológicas que llevan a afectaciones en la salud, mala calidad del aire, afectaciones a la infraestructura urbana,y daños al patrimonio de los ciudadanos.
El Área Metropolitana de Guadalajara experimenta afectaciones por el cambio climático local, habiendo perdido confort, viviendo un número mayor de inundaciones y afectaciones por las ondas de calor (López et. al, 2023). Los periodos de calor intenso en ciudades como Mexicali o Monterrey llevan a la población a incrementar consumos energéticos para mantener aires acondicionados y vivir dentro de rangos de confort climático, considerados adecuados (Sisto et al, 2023).
Los desastres más comunes en ambientes urbanos son los de origen meteorológico, que ocurren en zonas de alta vulnerabilidad, lo que se refleja en daños a la salud de la población, a la infraestructura y en general, a la calidad de vida de los urbanitas. Ante los desastres las autoridades recurren al paradigma naturalista, en el cual, la causa de los problemas está únicamente en el cambio climático global, manteniendo como política la respuesta a la emergencia o el desastre. El crecimiento demogrpafico urbano llevará a una condición de riesgo crítico más frecuente que, de no atenderse, aumentará los costos humanos, económicos, sociales y ambientales de los desastres.
Foto: cortesía del Cuerpo de Bomberos y Protección Civil de Guadalajara
Hacia el 2030, casi el 80% de la población mexicana vivirá en ciudades con las consecuencias que esto conllevo en términos de riesgo y desastres. Las autoridades comienzan a trabajar en el problema y han propuesto la Norma Oficial Mexicana NOM-SEDATU-006-2024 , que regule el crecimiento urbano estableciendo niveles de riesgo crítico. Pero ¿Cómo cuantificar el riesgo y determinar que se rebasa el nivel crítico? ¿Cómo hacer prospectiva con escenarios de riesgo para determinar en qué zonas es aún posible urbanizar y con qué modelo?
El problema de riesgo climático urbano debe ser resuelto mediante la gestión a través de la planeación, con base en modelos para generar escenarios y hacer prospectiva de los potenciales impactos del clima. Los resultados de estos escenarios sirven para alimentar, por ejemplo, los Atlas de Riesgo y para mejorar las condiciones urbanas en zonas de riesgo crítico. Aprovechando los desarrollos de asimilación de datos, modelos de clima regional, metodologías de caracterización y cuantificación de la vulnerabilidad y esquemas de evaluación y comunicación del riesgo, se apoyará a la puesta en marcha de políticas públicas que se reflejen en reducción de desastres.
Desde el punto de vista científico son numerosos los retos: ¿Cuál es la aproximación adecuada para la modelación del clima local que tome en cuenta el uso de suelo urbano, nivles de arbolado (Camacho, et. al., 2023)? ¿Cómo aprovechar la modelación del clima urbano y el pronóstico de eventos meteorológicos extremos para reducir sus impactos? ¿Cómo mejorar el poder comunicativo e incluso alfabetizador de los Atlas de Riesgos de tal manera que se comprenda por los distintos sectores de la sociedad?