Desastres

La vulnerabilidad se relaciona con factores físicos, sociales, económicos y ambientales que pueden crear un contexto en donde la ocurrencia de una amenaza meteorológica puede causar daños. Caracterizar y reconocer el papel de la vulnerabilidad como parte del riesgo, y por tanto, del desastre, es importante y nos permite tener una alternativa ante el enfoque naturalista.

El riesgo es entonces la probabilidad de que en una comunidad, lugar o región, confluyan condiciones de vulnerabilidad perniciosas para una parte o toda la población, por un periodo determinado y con adición de una amenaza específica a la que las personas y sus bienes están expuestos (CEPAL, 2000).

El desastre se concibe entonces en términos de la concreción o materialización de condiciones de riesgo preexistentes, más que una manifestación de la "furia de la naturaleza" y de impactos inevitables (Lavell, 2000).

La gestión del riesgo tiene características, estrategias e instrumentos de acción particulares a cada región, pero debe ser considerada en su esencia como un componente intrínseco y esencial del desarrollo territorial y ambiental.

Los desastres no son naturales, no son culpa de la naturaleza, un desastre es resultado de la combinación de una amenaza (fenómeno natural) y una vulnerabilidad (socialmente construida).

Culpar al clima, al sismo o al cambio climático, es no solo peligroso, sino irresponsable, ya que evita identificar los errores en la construcción de nuestras ciudades, la ausencia o deficiencia de regulaciones y políticas públicas, las fallas de nuestro proyecto nacional de desarrollo y, sobre todo, la capacidad que tenemos como individuos y sociedad de modificar esa vulnerabilidad para reducir el riesgo de desastres (Oropeza, 2014).

Los estudios sobre desastres muestran que: